La Salle ha visto la necesidad de, por su Carisma y Misión, atender a todos los alumnos de manera individualizada (“procurar la educación humana y cristiana de los hijos de los artesanos y de los pobres”), y en ello hemos basado nuestra búsqueda de mejora continua de nuestros objetivos y metodologías para hacerlo de la mejor manera posible. La Salle no innova porque está de moda. La Salle lleva innovando desde el principio porque ante la pregunta: “¿Estamos haciendo lo mejor para nuestros alumnos?”, surge la inquietud de buscar y comparar si lo que hacemos podemos hacerlo mejor y si podemos hacer algo más.

¿Cuándo empieza la innovación en las escuelas?

Juan Bautista de La Salle decide dar un vuelco a la forma de enseñar. Hasta entonces un grupo de niños se juntan en torno a un maestro (calígrafo) o el párroco y aprenden a leer y escribir. Aquí empezó la innovación. ¿Cómo llegar a tantos niños que corretean por las calles de Reims? Solución: aumentar en número los pupitres y orientarlos hacia el maestro. Año 1682. Modelo innovador que hasta hace pocos años se ha mantenido estable. En seguida se desarrolla el primer escrito pedagógico: “la Guía de las escuelas” todo un hito innovador en el que se recogen normas y consejos para los futuros maestros; antes lo que serían las primeras escuelas de maestros en 1684. Innovación lasaliana desde el origen.

¿Y esto nos lleva a 2017?

Lógicamente este origen innovador no se quedó anclado hace tres siglos. La Salle se ha preocupado por permanecer en la vanguardia pedagógica sin perder el sentido de su Misión.

Corrían los años 80 cuando empiezan a desarrollarse los programas de innovación gracias a muchos educadores que investigaron la manera de llevar a la escuela nuevas técnicas que mejoraran el aprendizaje de los alumnos. De esta época todavía se mantiene, en continuo proceso de actualización y adaptación a los cambios, el Programa de Lectura Eficaz donde Carlos Álvarez de Eulate, profesor del Centro, fue uno de sus autores. Este programa nos permite mejorar la velocidad y comprensión lectora desarrollando estrategias y hábitos que llevan a automatizar, agilizar y optimizar los procesos lectores.

Con los primeros descubrimientos en neurociencia La Salle decide abrir camino en este sentido y a finales de los 90, de la mano de José Luis Montero, se desarrollan los programas Ulises, siendo de los primeros centros en España en desarrollar y utilizar los packs de bits desde los 3 a los 7 años. Este programa se ha ido enriqueciendo con los descubrimientos en esta ciencia a lo largo de la primera década del nuevo siglo: Sénsor, Óptimis y Circuitos.

Llegamos al 2000 y continúan las propuestas y estudios para resolución de conflictos: nace Capacidades, Crea, Mapping e Ideal.

El desarrollo de estos programas, los descubrimientos en neurociencia y, sobre todo, el análisis de la realidad nos lleva a buscar la manera de conseguir un aprendizaje más competencial, más motivador y más significativo para nuestros alumnos de secundaria. Nace, en 2006, SEIN.

Con SEIN, en cierto modo nos adelantamos una década a lo que se presenta como futuro inmediato. Supone un verdadero paso hacia la inclusión en la que todos los alumnos aportan sus capacidades, competencias y destrezas para resolver un proyecto de aprendizaje abierto. Esto supone que deben buscar un problema próximo y, utilizando las herramientas aprendidas en la Primaria y perfeccionadas en Secundaria dar respuesta original y creativa a esta situación.

Y seguimos buscando. Buscando cómo mejorar el aprendizaje de los alumnos. Dos grandes tendencias educativas nos están llevando, sin perder la esencia de lo que hacemos, de nuestro Ideario, y de nuestra Misión, hacia el Aprendizaje Basado en Proyectos en un entorno cooperativo y colaborativo y hacia la interioridad y trascendencia del Proyecto Hara.

Porque estamos convencidos que una educación inclusiva es posible:

Que la inclusividad mejora el aprendizaje de todos.

Que la inclusividad facilita las relaciones humanas.

Que la inclusividad valora a todos en sus posibilidades, porque todos tenemos algo que aportar a los demás.

Y que solo este valor es tal, cuando toda la Comunidad Educativa valora a todos y cada uno de sus miembros, cuando la Comunidad es abierta al entorno, al barrio y a las familias y cuando es la Comunidad la que cree en que la mejora de uno, es la mejora de todos (para educar a un niño, hace falta la tribu entera).

En definitiva, que la inclusividad hace un mundo mejor y ese, precisamente, es nuestro verdadero tesoro, nuestra verdadera riqueza.