Podemos observar en las imágenes a alumnos de secundaria en plena sesión del proyecto Hara.

Hara es una palabra japonesa que significa vientre y se le considera como el centro del equilibrio físico, psíquico y espiritual de la persona.
Por Hara, se entiende «un estado del ser» centrado y sereno, un camino hacia el centro de gravedad que une la razón y las entrañas. La única vía para lograrlo es ejercitarse en esa búsqueda.
Solemos pensar que la sociedad actual es el resultado de una crisis a todos los niveles. Muchos incluso la reducen a una crisis de valores. Detrás de esta concepción, se esconde la idea de que es algo pasajero, una tormenta que como vino, se irá. Con todo, es la sociedad en la que nos ha tocado vivir (tal vez, la mejor de las posibles) y debemos situarnos en ella. Podemos adoptar la postura de refugiarnos del chaparrón mientras dure, protegernos en las seguridades de cuando hacía buen tiempo. Otra opción es salir a la intemperie y dejarse mojar en medio de la tormenta. Tan sólo quien se empapa conoce la experiencia de la lluvia.
Una de las cosas que impresiona en la sociedad actual es la existencia de una gran variedad de centros de interés que llaman la atención de las personas. El presente se cierra en sí mismo en una sucesión de imágenes diversas e inconexas. Esta impresión dificulta la lectura del pasado y del futuro. Expresiones como la cárcel del presente o vivir sin memoria indican que todo cambia a cada momento. Las impresiones fuertes llevan consigo la falta de sueños, de ilusiones y de proyectos de vida. Es este presente quien encierra a la persona en la monotonía de la vida cotidiana. Una vida diaria sólo rota por la necesidad del finde, que se vive a tope acompañado de la complicidad de la noche. Otra impresión de la sociedad actual es la marcada por un lenguaje que es imagen: lenguajes cortados del chat, de los sms o del e-mail. Precisamente en esta sociedad es donde nos hacemos las preguntas sobre el sentido de las vivencias, de los valores, de las esperanzas, de las necesidades, de las experiencias y de la vida.
La escuela se encuentra en este torbellino. Esta escuela, que no es ajena a lo que pasa en la sociedad, es capaz de educar el sueño de ser persona: el ser humano como irrepetible y responsable de su libertad y que se hace la pregunta sobre el amar y el ser amado. Un trabajo que la escuela realiza en la integración de todas las dimensiones de la persona: ideas, experiencias, sentimientos e ideales. Una escuela que da importancia a las relaciones entre todos fomentando el compromiso y la participación social. Una escuela con el horizonte de la pasión por la vida.
Sabemos que lo más importante es invisible a los ojos, que apenas lo podemos expresar y que ante el misterio debemos permanecer en silencio. Es más, sabemos que el desarrollo únicamente de las ciencias es insuficiente. En la escuela La Salle ponemos la ilusión en la relación con los otros: solidaridad, justicia, paz, cooperación y compartir. Ponemos la confianza en la dimensión trascendente: lectura de la propia historia, lectura de los acontecimientos, celebración y sacramentalidad. Desde aquí ponemos, en fin, la ilusión en la identidad personal como proceso de maduración: equilibrio, responsabilidad, confianza, autoestima, interioridad y silencio.
Cuando el teólogo Rahner hablaba del cristiano del siglo XXI, decía que sería aquel que hubiera hecho la experiencia profunda de fe. Y cuando hablamos de hacer la vivencia de lo más profundo de uno mismo, hablamos de riesgo. El riesgo de ser capaz de enfrentarse a la experiencia de la vida con sentido: el arriesgarse a hacer la experiencia de mirarse a uno mismo, con sus limitaciones y sus posibilidades. La escuela La Salle propone una acción tutorial personalizada que favorece el conocimiento de uno mismo. La escuela entiende una cercanía a cada alumno y alumna que fomenta sus capacidades. Pero también hablamos del riesgo de preguntarse sobre la vida de uno, sobre sus valores, sus sentimientos y sus creencias. La escuela La Salle brinda la oportunidad de aprender en grupo mediante el aprendizaje cooperativo. La escuela fomenta la sensibilización sobre las realidades humanas del Tercer Mundo y de la pobreza y la exclusión en nuestra sociedad. La escuela ofrece espacios diarios de reflexión y oración para mirar lo más profundo de cada uno y una para encontrarse consigo mismo, con los demás y con Dios.
Estamos convencidos de que en cada una de las personas que están en relación con la escuela hay un deseo de construir una vida con sentido profundo uniendo las ideas, los valores, las actitudes, las creencias y los modos de actuar. Estamos convencidos de que esto se da en cada alumna y alumno, cada profesora y profesor, en cada madre y padre.