
¿Quién lee qué?
- Fecha 8 mayo, 2026
Cualquier ocasión es buena para hablar de libros, y si además añadimos misterio, diálogo intergeneracional y risas, el entretenimiento está asegurado. Una semana de abril, los pasillos de Montemolín aparecieron ataviados con traje de libro y apellido de comentario. No tardaron en revolotear los alumnos, emulando a las mariposas que decoraban las imágenes de las portadas, preguntándose quiénes serían los educadores que les habían dejado esas pistas. Había para todos los gustos: cuento, poesía, ensayo y, cómo no, novela. Esta, tomó el colorido plumaje del pavo real, para hacer su presumido despliegue de alas aventureras, históricas, policíacas, clásicas, contemporáneas, infantiles, juveniles, terroríficas, realistas, mágicas, e incluso una mezcla de ambas con genuino sabor americano. Extensas, breves, hispánicas, extranjeras… Y es que hay tantos tipos de libros como personalidades. Ese es el confort que nos ofrece la Lectura, un lugar cálido cuyo colchón se amolda a nuestra singularidad, un espejo en donde nos encontramos transfigurados en héroes, villanos o personajes de bulto redondo, pues, por suerte, en la mayoría de las ocasiones, el ser humano no es más que una persona que actúa según las circunstancias.
Todos compartimos algo del idealismo de don Quijote, de la lógica de Sherlock, de la admiración sabia del dulce Principito y nos gustaría que la magia de Harry Potter o Peter Pan nos permitiera ser siempre niños. Pero, si ha habido algo realmente maravilloso en esos instantes compartidos entre profesores y estudiantes, mientras estos últimos hacían sus cábalas, ha sido descubrir hasta qué punto conocer el libro que le gusta a una persona nos permite aproximarnos más a ella. Buscaban la velada identidad en la expresión lingüística (elección de vocablos, complejidad de la sintaxis, incluso en su parquedad o distensión), en el género o en chismorreos escuchados por los pasillos. Los ha habido con la curiosidad que empuja a investigar fuera del aula: desde rastros en redes sociales hasta interrogatorios zalameros en el patio. También ha servido para practicar la discusión, la argumentación, el razonamiento lógico y el consenso. Al final, el premio es satisfacer la curiosidad que nos anima a asomarnos a la ventana de un libro/persona para ver otras realidades y descubrir si empatizamos con los personajes y situaciones que vemos desfilar por las carreteras literarias.
