El pasado lunes 1 de abril los alumnos de cuarto de secundaria de La Salle Montemolín acudimos al salón de actos de nuestro colegio para ver una obra de teatro. Vino una actriz a hacer la representación y algunos de nuestros compañeros se prepararon durante días para actuar con ella. La obra estaba basada en el maravilloso libro Bodas de Sangre, de Federico García Lorca, que muchos ya habíamos leído y trabajado antes en clase. La actriz empezó contándonos la vida de Lorca a través de anécdotas e historias divertidas.


Después estuvimos comentando entre todos algunos aspectos del libro como la simbología, ya que Lorca utiliza símbolos para casi todo lo que ocurre en escena. Por ejemplo, para él, la vida son las aguas que corren por un río y la muerte son las aguas estancadas de un lago y está también representada en la obra con una mendiga, la luna, el caballo y, por supuesto, los cuchillos. Por último llegó la hora de la representación.
Nuestros compañeros aparecieron vestidos con ropa típica de la época interpretando a los personajes más importantes del libro como la Novia, muchacha abocada a un abrumador dilema; el Novio, joven ingenuo y poco experimentado (“girasol de tu madre”, lo llama el autor), Leonardo, hombre que se entromete en la relación de los Novios y que es el desencadenante de la tragedia y las Muchachas, amigas de la Novia. La actriz representaba a la madre del novio, una mujer seria, fuerte y algo brusca que vive dominada por dos pasiones: el odio y el temor.
Nos sorprendió muy agradablemente lo bien que dramatizaron la obra todos los compañeros porque no es fácil aprender un texto de memoria para actuar, ni salir a hacer la representación ante una audiencia como la que tenían enfrente.


Estoy segura de que todos lo pasamos bien y de que esta experiencia teatral nos sirvió para aprender mucho más sobre una obra tan dramática como es Bodas de sangre y sobre su autor. Comprendimos muy bien que el mensaje universal que Lorca deseó transmitir es que los seres humanos vivimos dominados por pasiones elementales que se enfrentan continuamente a nuestra razón y que estamos sometidos a una fuerza metafísica más poderosa aún que los instintos naturales: el destino.

Leyre Remartínez, 4º ESO B